Teodora Martín Gozalo

 

Teodora Martín Gozalo nació en Rapariegos (Segovia) el 23 de octubre de 1884 y murió en Madrid en septiembre de 1973, con 89 años. La enterraron en Guadalajara, junto con su hija Teodora. Antonio Bellot, que cumplía así un deseo de Teodora, hizo sonar ese día las campanas de Marchamalo.

Hija de Lorenzo y María, tuvo muchos hermanos, todos varones. Alrededor de sus veinte años la enviaron a vivir con un tío suyo, clérigo, para que lo atendiera a él y a su casa. Sus padres se oponían a su deseo de estudiar magisterio, pero una vez fuera de casa hizo los estudios de maestra sin que ellos lo supieran, siendo su primer destino Marchamalo.

A causa de su carácter espontáneo estuvo a punto de perder su título como maestra, que finalmente le sería concedido, comenzando sus clases en Marchamalo en torno al año 1910. En 1918 tuvo su primer hijo con su marido, Santiago, en Marchamalo, al que pusieron el mismo nombre. A los dos años nació Teodora, también aquí, donde vivieron hasta que Santiago cumplió 5 años.

A caballo entre dos siglos, época convulsa en ambos, la lucha por una educación universal como derecho fundamental de los ciudadanos tuvo que afrontar una larga y penosa batalla contra los poderes establecidos antes de llegar a convertirse en realidad. Lucha en la que Teodora Martín participó con su esfuerzo, por lo que da nombre al segundo colegio público de Marchamalo.

Ejerció su actividad como maestra con la doble dificultad de enfrentarse al analfabetismo y a una sociedad marcada totalmente por el machismo. Sus pasos la llevaron a enfrentar el reto de hacerlo añadiéndole otros factores que requerirían mayor destreza, una sociedad profundamente rural y una evidente escasez de medios.

Ninguno de ellos hizo desfallecer a Doña Teodora, que ejerció su labor docente durante más de veinte años en Marchamalo, como demuestra la fotografía que acompaña a este artículo. Realizada en otoño de 1915 en una calle de nuestro municipio, probablemente la Plaza Mayor, donde se encontraba el Ayuntamiento y, en una de sus dependencias interiores, el aula, podemos observar en ella a Doña Teodora, en el centro, junto a todas sus alumnas.

Con edades comprendidas entre los 4 y los 14 años ellas son, ciertamente, la primera generación del siglo XX, es decir, las madres, abuelas y bisabuelas (en cada siglo se suceden cuatro generaciones) de quienes ahora continúan viviendo en Marchamalo. 

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